Cuando eras pequeño pensabas que los adultos lo sabían todo y ahora que eres adulto, buscas en Google cómo cocer el arroz, muchos lo intentan (cocer el arroz) y pocos lo consiguen.
Te estás haciendo mayor y no quieres reconoce que a la hora de hacer una compra te emocionas con una sartén nueva, o cuando comparas los precios en tres supermercados distintos a modo de ahorro máximo de supervivencia.
También eres inevitablemente adulto cuando te quejas del precio de la luz, o dices frases del tipo “esto en mi juventud no pasaba”.
Para ser un adulto de verdad debes fingir seguridad en todas las reuniones, asentir siempre aunque no entiendas nada y decir “lo miro y te digo” como recurso universal.
Y algunas de las responsabilidades que de niño ni te imaginabas, es tener que hacer la declaración de la renta cada año, momento de terror silencioso, pedir cita con el médico e intentar no pasar vergüenza o tomar la gran responsabilidad de saber que comer cada día, cada momento hasta el fin de los tiempos.
Cuando ya le has cogido gusto a ser adulto comienzas a sentir que vives con el síndrome del impostor, ya que muchas veces cuando tienes un problema quieres que venga un adulto de verdad a resolverlo, olvidando que el adulto que lo va a resolver eres tú.
Pero no todo son calamidades ya que puedes cenar pasta cuando quieras, nadie te obliga a ir a dormir temprano o si quieres puedes comerte tres tarrinas completas de helado (pero esto no lo recomiendo)
Ser adulto no es tenerlo todo claro, es aprender a improvisar con dignidad y reírte mientras lo intentas.
Un saludo de tu niño interior.
Un abrazo a todos.
Jotawi:
[predicadordecolores]

Buena frase
ResponderEliminarGracias por tu comentario, pasa un buen fin de semana 🙂
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