Por un lado tenemos a él, una persona que odia la lluvia, que no le gusta dejar las puertas de los muebles abiertas y que prefiere andar en línea recta, y por el otro lado tenemos a ella, la mujer más bella de la creación, que sueña con conocer a su príncipe azul.
Ambos desconocen que en un punto de sus vidas se van a cruzar y lo más importante es que realmente se necesitan el uno al otro.
Un día cualquiera en la cola de un supermercado dio la casualidad o causalidad que ambos estaban cerca, uno detrás del otro, él se giró y la miró por segundos, la magia comenzaba, solo fue un primer contacto, breve y casi insustancial pero de una fuerza poderosa, arrastrando a estos dos desconocidos hasta dimensiones nunca antes vividas. Ella también lo sintió, salieron ambos del supermercado en momentos diferentes pensando que no se iban a ver nunca más, pero el destino les guardaba una sorpresa, se vieron no solo una vez más, sino muchas veces a lo largo del espacio tiempo en una ciudad de dimensiones medianas, en una primavera florida, cada vez que se miraban la magia ocurría de nuevo.
Él tomó su número de teléfono, ella se tocaba el pelo. Quedaron y se gustaron aún más. Quedaron más veces y la química cambió todo, ella y él, él y ella parecían sacados de una película, pero el instante que nunca quisieron que llegara llegó, la primera riña, la primera pelea o desencuentro, nadie quería amargar una historia tan bonita, pero era inevitable, se separaron y el corazón dolió, dolió mucho.
Ninguno quería dar el siguiente paso, cada cual con el número teléfono en la mano, tiraron una moneda y se llamaron, se dieron cuenta también que su amor no era de película, era mucho mejor, un amor real y consciente, aceptaron que no eran perfectos, discutieron largas horas y después se entregaron el uno al otro, el otro al uno. Acordaron que nunca más se separarían, que en caso de tormenta, discutirían sabiendo que después llegaría la calma.
Con el paso de los años dejaron de ser pareja y se convirtieron en algo más, proyectos compartidos y la elección diaria de quedarse.
Se casaron, tuvieron hijos, y compartieron una vida nueva juntos, se convirtieron en rio, se dejaron llevar hasta el mar, y cuando las cosas pintaban mal, se volvían a mirar y la magia volvía al lugar como en esa cola del supermercado.
Eran ya, uña y carne para siempre, un amor cósmico para la eternidad.
Para todos aquellos que no creen en el amor, existen infinidad de historias cruzadas que nos recuerdan que nuestra media o entera naranja está por llegar.
No desesperen.
Un abrazo.
Jotawi:
[predicadordecolores]

Mucha paciencia muy bueno
ResponderEliminarGracias por tu comentario 😊
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